Estamos a unas horas de iniciar una jornada electoral en México, en la cual el gran reto se presenta porque no hay candidatos de los partidos que satisfagan las necesidades del electorado, es decir, que no existen posibles y dignos representantes del pueblo.
Antes una podía pensar en votar por el “menos peor”, pero ahora si no hay de donde escoger entre los que se postulan para las gobernaturas de varios estados, así de los que quieren ocupar un puesto en la cámara de diputados. Sin embargo se presentan 3 alternativas:
- Votar por el que suene menos dañino
- Anular el voto
- Simplemente no asistir a votar
la tercera opción mi mujer la vió como algo posible, pero a su vez imposible, dado el siguiente razonamiento:
“Tenemos que votar por un simple principio: Nuestros hijos tienen que ver que las votaciones son un derecho y una obligación. Aunque no existan opciones atractivas, ya que si los enseñamos a votar, ellos podrán construir un mejor futuro para una verdadera democracia. Si no tuviéramos hijos ni pensaba en levantarme a votar, pero como padres les tenemos que dar esto como un principio.”
Luego entonces si la tercera y la primera opción son imposibles, ¿tenemos que anular el voto?, como me decía un amigo que trabaja en el IFE, no anules tu voto, pon a un candidato independiente, cualquiera que este sea, ya que así forzosamente tiene que ser contabilizado y auditado, cosa que en el caso de la anulación del voto no procede y harían que con pocos votos ganen opciones indeseables.
Así que para tener una elección ejemplar voten por el personaje de su agrado (político o no) o por “El Pop” (jeje) o “Roberto Gómez Bolaños” (El Chavo del Ocho) o alguién vivo (Recuerden que Pedro Infante y Cantinflas ya murieron).
Recuerden que estamos votando… por el futuro.
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